Compañeros eternos. Presentes en cada momento de nuestras vidas. No puedo decir amigos, porque en realidad no me han causado mucha dicha. Simplemente compañeros. Los cambios.
No quiero dar a entender que odio los cambios y que los quiero destruir con un arma nuclear. No, eso sería muy infantil. Además, seamos realistas, es imposible deshacerse de ellos, o más bien, evitar que pasen, a menos, claro, que alguno de ustedes, queridos lectores, posea alguna clase de poder que controle el tiempo, algo que considero muy poco probable.
Si quieres crecer tienes que cambiar, eso es obvio, te lo dicen desde pequeño. Ahora bien, algo que no te explican desde pequeño y que, lamentablemente terminas aprendiendo por la experiencia, es lo que implica cambiar.
Un cambio consiste en ganar algo a expensas de perder otra cosa. En algunos deprimentes casos es simplemente perder por perder. El caso es que siempre terminarás perdiendo algo. -Golpe de realidad-
No todos los cambios son malos (de hecho ni la mitad de ellos son malos), simplemente hay que aprender a lidiar con ellos. Eso ya es cuestión de madurez y no quiero adentrarme en eso. Hoy prefiero hablar sobre lo que a mí, en lo personal, me molesta de los cambios.
Caundo uno decide cambiar, normalmente es para mejor. Requiere convicción, voluntad, disciplina y perseverancia. Hasta suena heróico. Esos cambios me agradan, me gusta llevarlos a cabo. Los cambios que me molestan, los que me dan un golpe bajo, un derechazo a la quijada, son aquellos sobre los cuales no tengo ningún poder. Son los cambios ajenos a mí pero que terminan llevándome de corbata.
Mi vida ha estado rebosante de este tipo de cambios, para mi desgracia. Quizá sea esa la razón de por qué los odio tanto. Han estado picándome, haciéndome pequeñas heridas punzantes desde mi infancia. ¡Ah!, pero no hay que ponernos en plan de "el mundo me odia y todo lo malo me pasa buah buah buah". NO. Aquí es donde entra esa madurez que mencioné. He aprendido a sobrellevar esos molestos cambios, a darles un giro de 180° a mi favor. A mi parecer, aprender a hacer esto es indispensable si alguien tiene el más mínimo anhelo de ser feliz.
Si te quieren empujar al hoyo, lucha por no dejarlos, y si lo lograron, bueno, no te quedes llorando, empieza a subir ¡pen...sativo!
Saludos.
P.D: Este escrito no quita el hecho de que están sucediendo ese tipo de cambios que tanto odio. Ni modo.
No quiero dar a entender que odio los cambios y que los quiero destruir con un arma nuclear. No, eso sería muy infantil. Además, seamos realistas, es imposible deshacerse de ellos, o más bien, evitar que pasen, a menos, claro, que alguno de ustedes, queridos lectores, posea alguna clase de poder que controle el tiempo, algo que considero muy poco probable.
Si quieres crecer tienes que cambiar, eso es obvio, te lo dicen desde pequeño. Ahora bien, algo que no te explican desde pequeño y que, lamentablemente terminas aprendiendo por la experiencia, es lo que implica cambiar.
Un cambio consiste en ganar algo a expensas de perder otra cosa. En algunos deprimentes casos es simplemente perder por perder. El caso es que siempre terminarás perdiendo algo. -Golpe de realidad-
No todos los cambios son malos (de hecho ni la mitad de ellos son malos), simplemente hay que aprender a lidiar con ellos. Eso ya es cuestión de madurez y no quiero adentrarme en eso. Hoy prefiero hablar sobre lo que a mí, en lo personal, me molesta de los cambios.
Caundo uno decide cambiar, normalmente es para mejor. Requiere convicción, voluntad, disciplina y perseverancia. Hasta suena heróico. Esos cambios me agradan, me gusta llevarlos a cabo. Los cambios que me molestan, los que me dan un golpe bajo, un derechazo a la quijada, son aquellos sobre los cuales no tengo ningún poder. Son los cambios ajenos a mí pero que terminan llevándome de corbata.
Mi vida ha estado rebosante de este tipo de cambios, para mi desgracia. Quizá sea esa la razón de por qué los odio tanto. Han estado picándome, haciéndome pequeñas heridas punzantes desde mi infancia. ¡Ah!, pero no hay que ponernos en plan de "el mundo me odia y todo lo malo me pasa buah buah buah". NO. Aquí es donde entra esa madurez que mencioné. He aprendido a sobrellevar esos molestos cambios, a darles un giro de 180° a mi favor. A mi parecer, aprender a hacer esto es indispensable si alguien tiene el más mínimo anhelo de ser feliz.
Si te quieren empujar al hoyo, lucha por no dejarlos, y si lo lograron, bueno, no te quedes llorando, empieza a subir ¡pen...sativo!
Saludos.
P.D: Este escrito no quita el hecho de que están sucediendo ese tipo de cambios que tanto odio. Ni modo.
yo se, te entiendo nena
ResponderEliminary como dices, solo hay que afontarlos de la manera mas madura, quedarse con el aprendisaje, olvidar los malos ratos XD y quedarte con los buenos...
cuidate XDDD
asi es la vida :D pasate por mi blog a ver si te gusta http://unamenteextraamenterara.blogspot.com/
ResponderEliminar