jueves, 25 de marzo de 2010

Un cariño que no es amor

En mis manos sostengo una rosa. De frágiles pétalos y hostiles espinas. Es hermosa, como ninguna otra flor. La protejo contra las más viles amenazas, la cuido y le doy vida. No es una obligación, si quisiera, podría dejarla caer y sus hermosos pétalos rojos quedarían destrozados y su tallo y sus espinas se secarían; no, la cuido porque la quiero. Es muy valiosa para mí, me ha enseñado muchas cosas, sin siquiera haber tenido la intención de hacerlo. En su inmóvil belleza, me ha brindado una felicidad inmesurable. Es hermosa, pero probablemente morirá. Me aferro a ella y retraso lo inevitable.

En mis manos sostengo una rosa. De frágiles pétalos que evito destrozar y de hostiles espinas que me traspasan la piel. Rosas como esta he tenido varias. Y todas han dejado cicatriz.

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